La revelación surgió durante nuestra entrevista cuando este periódico le preguntó al alcalde sobre su decisión de no aspirar nada más a la poltrona municipal de Caguas y de tomarse cuatro meses para saber qué estaría haciendo con su futuro. «Primero que nada, quiero reiterar: que el Pueblo sepa que yo no estoy detrás de candidaturas. Solamente me quité de alcalde y estoy haciendo este show porque estoy explorando qué hacer con mi vida. No es que esté probando las aguas para la gobernación. Anyway, estaré pensando estos días qué piensan hacer [el senador] Alejandro García Padilla, el nene de Cuchín (José Hernández Mayoral) y [el ex-Gobernador] Aníbal Acevedo Vilá porque… ejem… por nada, para saber».
Ante nuestra cara de incredulidad, Miranda Marín dijo: «¿A quién engaño? Ustedes saben lo que en verdad me importa. Ya que ustedes son de la prensa a lo mejor me pueden decir… ¿no han escuchado si Aníbal se va a tirar?», nos preguntó en voz baja el alcalde, mirando nerviosamente a los lados. «Es que, mano, imagínate que a la que empiece a hacer el aguaje a tirarme, Aníbal me castre en público como me hizo en aquella asamblea general del partido y me ponga a hacer los brochures de nuevo. No, mejor me tiro a la segura, sin ningún tipo de oposición verdadera. Por eso, voy a esperar cuatro meses para –cómo digo esto sin sonar como un cobarde– tomar una decisión. Sí, eso, una decisión».
Le preguntamos si entonces no consideraba a Luis Fortuño un oponente verdadero, dado que sólo se quiere tirar a la segura, a lo que contestó: «¡Anda! ¡No había pensado en eso! Bueno, aunque ahora que lo pienso… No, m’ijo, un aguacate podrido le gana a Luis Fortuño en la próxima elección. Lo único que tengo que hacer es ponerme mi correíta con la bandera de Puerto Rico y decir la palabra ‘soberanía’, pa’ que ningún melón se acuerde de que soy un Major General en la Guardia Nacional establecida por el Imperio…. ¡Y ya estamos!». Al preguntarle si no temía que su rival electoral fuese Tomás Rivera Schatz, el rostro de Miranda Marín se puso blanco como si hubiese visto a un oficial de la Schutzstaffel: «Chico… ¡Pero para pensar eso necesito seis meses más!», contestó finalmente, mientras una peste misteriosa se empezó a sentir en el cuarto.